Salí desde las sonbras
una noche plateada
reluciente de lluvia
de enigmático invierno.
El farol de la esquina
se miraba en un charco,
a lo lejos un espectro
de metálico cuerpo
anunciaba su arribo
a la entrada del pueblo,
Su nistálgico pitar
como un reloj viajero
apuraba despedidas
en la estación de sueños,
allí las lágrimas
allí los besos.
Un tronar vaporoso
agitaba las miradas,
luego el pito ahogaba
el adiós de los viajeros,
el tren ya se marcha
Lautaro es un recuerdo.